Ocho años después del descubrimiento de América por parte de los españoles,
los portugueses llegaron a un territorio en el cual existía un árbol (Caesalpinia
echinata) que usaban los amerindios de las selvas. A
este árbol se le llamó en portugués pau-brasil, por desprender un color
rojizo al hervirse en agua, lo que recordaba llamas de un fuego, o las brasas del carbón ardiendo. De ahí el nombre a la terra do
pau-brasil.
Durante la colonización de Brasil por parte de la Corona Portuguesa, los
portugueses exportaron ese nuevo tinte para teñir sus ropas en la vieja Europa. Su afán por
los beneficios económicos llevó al pau-brasil a la extinción en casi la
totalidad del territorio brasileño. En la actualidad, existen programas
gubernamentales para la recuperación del árbol que ha dado nombre al tercer país
más extenso de América.
En cuanto a la existencia de la "Gran
Isla Brasil" los portugueses mantuvieron durante mucho tiempo (prácticamente
hasta mediados del siglo XVIII) que ésta
existía en verdad y que se encontraba separada del continente americano por los
ríos Orinoco, Paraguay, Paraná y el Río de la Plata,
pretendiendo así todos los territorios encuadrados entre tales ríos.